El pontífice ordenó la subasta del superdeportivo blanco que le fue obsequiado por el fabricante italiano, a fin de dedicar los fondos para varias caridades como la reconstrucción de comunidades cristianas en Irak víctimas de ISIS.

El papá Francisco tuvo una experiencia bastante única para un clérigo con votos de pobreza. El pontífice recibió las llaves de un Lamborghini Huracán último modelo de manos del fabricante italiano de autos exóticos.

Quizás la marca que una vez bautizó a uno de sus vehículos como ‘Diablo’ haya tratado de ganarse el cielo con este generoso donativo, pero el papa Francisco no tiene ninguna intención de disfrutar los 610 caballos de fuerza que el motor V10 de 5.2 litros de esta celestial bestia produce. Después de bendecir el carro y firmar su capó, el pontífice ordenó la subasta del súper deportivo blanco a fin de dedicar los fondos para tres caridades, específicas: la reconstrucción de comunidades víctimas de ISIS en los planos de Nineveh en Irak, la ayuda de las víctimas de tráfico humano y la ayuda a las misiones católicas en África.

Esta edición especial del Huracán decorada en blanco y dorado, los colores del Vaticano, será subastada por la casa Sotheby’s en una fecha aún por anunciarse. El precio regular de un Lamborghini Huracán es de 183,000 euros, el equivalente a 216,000 dólares, pero la expectativa es que el carácter único de este Huracán vaticano haga que la subasta supere esa cifra considerablemente.

En la ceremonia de la bendición de este vatimóvil estuvieron presentes Stefano Domenicali presidente de Lamborghini así como miembros de la junta directiva del fabricante y dos de los trabajadores que ayudaron en la construcción del vehículo.

El Lamborghini Huracán, introducido al mercado en 2014, es el modelo más ‘básico’ del fabricante de Sant’Agata Bolognese.

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