DIARIO LA REPÚBLICA HONDURAS
Editorial

El Ser Humano Superior. Editorial Miércoles 21 de Noviembre, 2018.

Muchas cosas positivas pasan con el correr del tiempo, supuestamente esa dimensión imaginaria que identifica una sucesión de estado por lo que todo ser vivo pasa, adaptando su materia, una variable directa a mejorar. En otras palabras, mientras más evolucionamos entendemos que más cambiamos a una mejor versión de uno mismo. Y esa mejor versión individual, implica una mejor versión social y por ende una mejor versión de todos los asuntos que se ejecutan mediante la sociedad. Esto debería de resultar en una mejor versión del gobierno como tal. La pregunta es entonces ¿Por qué si el humano hoy es una mejor versión (física, mental) que nuestros antepasado, seguimos afrontando en gran medida los mismos problemas colectivos que ayer? Pobreza, hambre, guerra, desigualdad, intolerancia, corrupción, siguen siendo parte de la agenda social y los problemas que aún el ser humano “superior” de hoy, tiene la incapacidad de resolver.

Es acá en donde la dicotomía humana se refleja: un ser humano tecnológicamente más avanzado pero que interfiere en su capacidad de seguir moralmente evolucionando y en otros aspectos, esos avances han estancado el sentido de lo elemental. En el presente, tenemos datos al alcance de nuestras manos pero ¿cuántos números telefónicos los sabemos de memoria?; se escriben estas líneas a través de una computadora portátil, pero hemos perdido el arte de la caligrafía; tenemos la capacidad de la comunicación mundial al instante, pero estamos perdiendo el lujo de dialogar sin distracciones, cara a cara,  entre unos y otros. El “multitasking” nos aparta de la tarea de vivir. Queremos más, más rápido y en ese proceso, nos aburre lo importante.

Hemos pasado el tiempo mejorando en gran medida en el confort individual, pero apartando el beneficio colectivo. Y es así como hoy, a pesar que nos hemos vuelto más conscientes de los problemas globales, poco hacemos para que ese conocimiento sea puesto en uso para solucionar los problemas que nos afectan a todos y todas por igual: nuestro conocimiento del ecosistema es profundo, pero jamás en la historia de la humanidad hemos sido agentes de contaminación al grado como lo somos hoy; tenemos la capacidad de producir alimentos como nunca antes, pero hoy hay más hambrientos que antes; podríamos decir que hay menos guerras, pero hay más violencia; podemos decir que hay más riqueza, pero existe más pobreza. ¿En donde hemos fallado? A Dos mil y tantos años desde la venida de Jesucristo al mundo terrenal, todavía no hemos logrado asimilar sus enseñanzas. Hemos ido perfeccionando una versión superior en lo físico y en lo supuestamente intelectual, nuestra acumulación del conocimiento es cada vez mayor, pero hemos retrocedido en crear una mejor versión humana en lo moral. Nos hemos ido desprendiendo de lo trascendental y en el proceso hemos abandonado la sencillez perfecta que ocurre en la conciencia.

El tesoro mayor del mundo y por ende de nuestro país, está en las personas que lo forman, en la integridad y coherencia moral de exigir y hacer lo correcto en cada faceta de nuestras vidas. Cuando hayamos comprendido la importancia de trascender de lo individual al bienestar colectivo, cuando comprendamos que la paz, la libertad y la integridad es invaluable más allá del poder y las riquezas efímeras, en ese momento habremos logrado solventar los eternos problemas que el mundo sufre y será hasta en  ese momento que podremos decir que nos encontramos ante la presencia de un ser humano superior.

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