DIARIO LA REPÚBLICA HONDURAS
Columna

Honduras: un año de crisis de legitimidad sin salida por Lester Ramirez

Este 26 de noviembre se estará cumpliendo un año desde las “fallidas” (según el Índice de Integridad Electoral de la Universidad de Harvard) Elecciones Generales de 2017. Lastimosamente, los acontecimientos de este último año no muestran motivo alguno para estar esperanzados que grandes cambios vendrán.

La democracia electoral asegura una realidad inevitable: realizar elecciones periódicas. En un país en donde los deficientes resultados de los gobiernos (seguridad, salud, empleo, educación, gestión fiscal, corrupción, etc.) y la continua manipulación de las reglas democráticas coinciden con la rutina electoral, cada nuevo gobierno arrastrará un déficit de legitimidad heredado del anterior que se traduce en la falta de reconocimiento, consentimiento y colaboración de la población con la autoridad electa. El déficit de legitimidad en Honduras se ha ido acumulando con cada uno de los 10 procesos electorales, creándose lo que los politólogos Thomas Flores and Irfan Nooruddin, denominan la “trampa de baja legitimidad”. Es decir, un círculo vicioso de deterioro democrático e irrespeto a la ley, inducido por la necesidad de ganar elecciones de los partidos políticos.

Lo particular del caso hondureño es que el nuevo gobierno que hereda el déficit de legitimidad el 27 de enero pasado, es el mismo gobierno que lo entrega. Pero este déficit se intensifica aún más por una reelección que no fue consultada y unas elecciones denunciadas, al grado que este segundo período de Juan Orlando Hernández no tuvo la “luna de miel” que suelen tener los nuevos gobiernos electos.

El efecto que produce la personalización del Estado en el presidencialismo autoritario hondureño es que, al perder legitimidad, se lleva por delante a la institucionalidad pública. Es por esa la razón que tener elecciones anticipadas -como algunos proponen- no resolverá el problema de fondo y lo magnificará aún más debido a la débil institucionalidad que hay. Pero lo más trágico de todo es que cualquier partido o coalición política que llegue al poder, terminará heredando más problemas que el actual gobierno, justamente por la trampa de baja legitimidad.

El primer paso para recuperar la legitimidad, pasa indudablemente por generar confianza en la ciudadanía, el principal usuario de la democracia y sus instituciones. Haciendo una revisión de las decisiones, actuaciones y resultados de los liderazgos políticos y la clase política en general en este último año, la pregunta que se merece hacer es: ¿se ha generado confianza en la población?

 

«La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer».

Bertolt Brecht

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