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El Restaurante Democrático. Por René A. Bendaña

Hace unos años tuve un restaurante porque siempre fue una de mis metas a realizar. Aparte de ser un negocio extremadamente sacrificado en dedicación y tiempo, es muy complicado llegar a tener un producto que guste a la mayoría de las personas. Fueron días y días de prueba y error, degustaciones permanentes con amigos y desconocidos, para llegar a las recetas que eran comercialmente aceptables. Siempre había algunas personas, en un mínimo porcentaje, que decían que no les gustaba la comida. Una cosa es tener recetas de comida que a uno le gusta y otra cosa es tener recetas que a la mayoría les guste.

El proceso que realicé para llegar a esas recetas que gustaran a la mayoría es exactamente homólogo al que debemos de hacer para elegir a nuestros representantes en el gobierno. Lastimosamente, NUNCA nos han preguntado si estamos de acuerdo que las personas que van a cargos de elección popular nos parecen o si consideramos que son personas apropiadas para representar nuestros intereses. Vamos al día de las elecciones, y como un menú de restaurante, elegimos lo que nos ponen ahí. No tenemos opción.

Eso lo llamo: dedocracia. Personas puestas de dedo por los dueños del movimiento político. Nos imponen un menú sin saber si a la mayoría nos gusta solamente importando el paladar egoísta del candidato y sus más íntimos allegados. La verdad es que no tenemos democracia. Nos dicen que democracia es elegir a nuestras autoridades el día de las elecciones, pero es una propaganda generada para introducir ignorancia a la ciudadanía respecto al verdadero significado de democracia.

Deberíamos, los ciudadanos, tener la decisión de poner a candidatos de elección popular que consideremos lleven al gobierno nuestros anhelos de una mejor condición social para llevar a cabo nuestras actividades diarias. Como lo hice en el restaurante en invitar a amigos y desconocidos para que me dieran sus opiniones acerca de los platos, igual deberíamos hacer en las comunidades acerca de las personas que se postulen a cargos públicos.

Nuestra constitución dice que nuestra democracia es “representativa”, es decir, que elegimos a las personas para que representen nuestros intereses. En mi opinión, debería ser “participativa”. Si comenzamos a crear una participación comunitaria en la elección de candidatos y no impuestos desde arriba, comenzaremos a crear una receta que guste a la mayoría. Obvio, vamos a comprar el plato que más nos guste porque actualmente, la política es un plato que nadie quiere comprar.

Es sencillo, la verdad. Es gratificante. ¿Qué piensan y sienten cuando el dueño o el chef de restaurante llega a su mesa y pregunta que tal les pareció la comida? Es un momento clave para decir la verdad. En caso de que no les gusto, es la oportunidad para expresar sus pensamientos y para que el restaurante mejore en caso sea necesario.

Pero esto solamente funciona si comenzamos a exigir que nos pongan un mejor menú. Si seguimos yendo al restaurante a comer lo que nos imponen, nunca vamos a salir satisfechos. Ir al restaurante democrático puede ser satisfactorio para todos. Nada mejor que ir a un restaurante para comer nuestro plato favorito. ¡Cuidado! Tampoco se trata de dejar de ir al restaurante. Si hacemos eso, los dueños del restaurante van a seguir creyendo que pueden imponer el menú que a ellos les gusta.

La solución es esta: “Señor chef (gobierno) ahora nosotros (ciudadanos) vamos a desarrollar las recetas (candidatos). Ponganlas en el menú (elecciones) y que las personas compren (voten) el plato que les guste”.

¡Abramos ese restaurante! Estoy seguro de que vamos a tener éxito (democracia).

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