CRISIS, UN CALDO DE CULTIVO

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Dicen que las crisis son sinónimo de oportunidad, históricamente sin embargo, quienes capitalizan las dificultades de un país son los carroñeros políticos. Esos que se alimentan del hedor y la podredumbre para catapultarse al poder o aferrarse a él. En estos caldos de cultivo pululan los liderazgos personalistas que aseguran tener el remedio a los graves problemas que aquejan la nación. Sin embargo, son Mesías huérfanos de credos e ideologías que se nutren de exacerbar el miedo o el rencor social. Sacan partido de la polarización porque saben que la división los fortalece, el que no está con ellos, es culpable de todo mal. Son oportunistas que negocian favores, se legitiman con un clientelismo político miope y egoísta que sólo sirve de trampolín o de peldaño.

Honduras está sumida en una crisis; se ahoga en un mar de pobreza, desigualdad y estancamiento económico, años de políticas públicas insensibles e insensatas han dejado un país hambriento, ignorante y enfermo. La corrupción ha apolillado la institucionalidad dejando un cascarón vacío, con fachada democrática pero sometido a la voluntad de quienes mueven los hilos. El pluralismo político ha dado paso a extremos que destilan odio. La impunidad siembra rabia y desesperanza, y al final como suele suceder, en río revuelto, los pescadores sacan provecho. La situación hoy nos ubica en la esquina entre la dictadura y el populismo. Una bifurcación con dos caminos que llevan al mismo lugar; el despeñadero. Una asfixiante dictadura que oprime a todo a quien la opone o un populismo anárquico que azuza las masas, al final se atrofiaría el desarrollo, el país se dividiría aún más, sería la estocada final a nuestra agonizante democracia.

Los últimos años nos han hecho creer que nos columpiamos en un péndulo entre la derecha y la izquierda, lo cierto es que nos balanceamos entre una dictadura y un falso populismo, polos hambrientos de poder que buscan instrumentalizar un país para satisfacer sus propias ambiciones. Si no nos amarramos valientemente al mástil como lo hizo Ulises terminaremos sucumbiendo al canto de sirenas de un dictador demagógico o un populista anárquico.

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