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La Mafia Política. Editorial viernes 21 de diciembre, 2018.

La mafia es una organización sindicada  cuya actividades se enmarcan fuera de la ley.  De forma lamentable, estamos acostumbrados en nuestro país a afrontar la realidad que tenemos un sinnúmero de este tipo de organizaciones que de forma sistemática golpean la vida pacífica de la mayoría de los hondureños. Hemos en cierta manera, aprendido a vivir con la figura de personas tatuadas, haciendo señas con sus manos y hemos determinado en nuestra conciencia nacional que al referirse al crimen organizado, pensamos de forma inmediata en las maras; igualmente, aplica a los narcos. Para cada uno de estos dos grupos, pensamos en personas que provienen de los niveles sin oportunidad de nuestra sociedad.

Pero cada día nos estamos enterando que en nuestro país existen verdaderos delincuentes perfumados de saco y corbata; les llamamos a muchos de estos “honorables” y son parte de la mafia más grande que existe en nuestro país: la mafia política. Estas damas y señores a diferencia de los otros delincuentes, han gozado durante toda sus vidas de las comodidades que les ha brindado su estatus socio económico, han tenido educación, no han comido salteado y han gozado de la confianza social. Estos personajes han vivido sus vidas en la comodidad económica que es reservada para un porcentaje minúsculo de la hondureñidad, se conducen en carros de lujo, viven la mayoría de su tiempo en aire acondicionado y dictan sus discursos a hermosas secretarias en sus lujosas oficinas.

A su disposición tienen además las diferentes estructuras del gobierno; precisamente por eso, es que esta mafia es tan peligrosa y han logrado con el tiempo poner de rodillas a todo un país. Tienen la capacidad de hacer leyes a su medida, tanto aquellas que les permita seguir delinquiendo, como aquellas que les permita tener impunidad. Han podido en el proceso poner y quitar jueces, fiscales, ascender oficiales y colocar ministros; entran a las elegantes recepciones diplomáticas, estrechan manos con los banqueros y son recibidos con aplausos por muchos empresarios ¡Esta organización es completa!

Los alcances de esta mafia es como un pulpo gigantesco con millones de tentáculos y lo más lamentable de esto, es que los sostiene el propio dinero del pueblo. Nuestros impuestos pagan la estructura delincuencial más poderosa de Honduras y nuestros votos (si es que realmente esos que depositamos en las urnas tienen algún valor) los sostienen. Es através entonces de este enorme monstruo, que la actividad delincuencial que va más allá de “simple” corrupción, se ha establecido y fortalecido en nuestra patria. Si parte de las declaraciones y las denuncias públicas que exdirectores de la policía han manifestado se comprueban como ciertas, hemos entrado en una nuevo capítulo de nuestra historia política, la realización que desde las esferas del poder político se hayan ordenado y/o encubierto asesinatos de diferentes personalidad en el país, nos determinaría que estamos ante un estado fallido.

Cuando las estructuras del estado han sido corroídas por la maldad nos preguntamos ¿qué institución está los suficientemente limpia para que pueda impartir justicia? Mientras tanto seguimos esperando la mentada ley Magnitsky o que el efector Torres sea el salvavidas para nosotros los tripulantes de un buque de La República que se hunde.

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