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La Navidad se hace con obras y con Dios. Editorial lunes 24 de diciembre, 2018.

Esta noche millones de hogares se reunirán en familia para esperar la medianoche y entre abrazos, besos y mucho amor, desearnos una feliz navidad. Sin lugar a dudas, es una de las noches más importantes y maravillosas del año.

 

La vida es como una cadena, cada momento es un eslabón y cada eslabón es una memoria. El humano que tiene verdadera riqueza es aquel que los momentos que comprenden su cadena, son construidas por las obras de bien; sin embargo el ser humano en su afán materialista, pierde este sentido, nos convertimos muchas veces en seres egoísta, basando nuestra felicidad en el sentido estrictamente material. Y es así que en muchas ocasiones le preguntamos a Dios en donde está, le solicitamos ayuda y hasta le reclamamos, pero casi nunca reflexionamos si nosotros estamos con Dios. También muchas veces somos seres “bondadosos”  cuando se trata de satisfacernos a nosotros mismos, pero somos un tanto avaros cuando se trata de satisfacer las necesidad obvias de los demás. De esto ni Dios se escapa, nos olvidamos de Él, de ser agradecidos por todas las bendiciones que nos otorga cada día y sobre todo, nos volvemos arrogantes ante lo que tenemos ¡Qué ilusos que somos, si no somos dueños de nada, ni siquiera de nuestra propia vida!

 

Ahora que estamos tan cercanos a ese momento mágico de la noche buena y la navidad, es el tiempo preciso de establecer las bases de un autoanálisis, una búsqueda interna en lo más profundo de nuestra alma con aras a determinar si cuando Dios nos ha llamado, le hemos respondido, si hemos sido sinceros con nosotros y con Él. Para muchos de nosotros la respuesta a ese autoanálisis refleja sin duda alguna una mora de nosotros a Dios y a nuestros semejantes. Afortunadamente Dios es un ser justo y misericordioso,  es un enorme banco lleno de bendiciones que no cobra intereses; por el contrario, nos borra la deuda cuando encuentra en nuestros corazones el arrepentimiento sincero, lo único que nos pide es colocar un poco en esa cuenta: esta se llena con nuestras buenas obras, con nuestra caridad o solidaridad hacia los demás. Dios es un banco tan extraordinario que sus recursos son ilimitados y nunca niega un préstamo, es más, nos da aún cuando no le pedimos. A pesar de esto ¡qué difícil es para el hombre mantenerse cercano a Dios! nos desviamos tan fácilmente del camino recto. Nos dice San Agustín: “Es mucha verdad que Dios te ha prometido ser indulgente, pero también lo es que nadie te ha prometido vivir el día de mañana.” Esta incertidumbre nos debe de motivar a la conversión y para aquellos que ya creemos en Él, debe ser el llamado para mantenernos fiel.

Viviendo en un mundo y sobre todo en un país con tanta pobreza y desigualdad, Dios debe de ser nuestro Norte, Él debe de ser nuestra verdadera y única ideología. Debemos de imitar a Cristo; hoy más que nunca debemos volver a esos principios cristianos, debemos de inspirarnos en la Luz del Señor y responderle.  Así en ese momento, cuando en lo profundo de nuestro ser escuchemos el llamado, podremos marchar con la certeza que reconocemos que Dios siempre está con nosotros, pero también responder con convicción que nosotros estamos con Él.

 

Que esta navidad sus hogares se llenen con el calor del amor de todos sus seres queridos, tengamos en el corazón a los familiares y amigos que hoy ya no se encuentran en este mundo terrenal y por sobre todo, recordemos en nuestras plegarias también a aquellos que no conocemos, pero que esta noche no tienen a nadie con quien compartir.

De parte de La República, les deseamos una bendecida noche buena y una feliz Navidad. Regresaremos con ustedes el 26 de los corrientes con nuestra opinión editorial. Dios con nosotros y nosotros con ÉL.

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