El Espejo. Editorial martes 29 de enero, 2019.

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Déjanos contarles una historia: un aprendiz de dictador se alza todas las mañanas frente a un espejo mágico, cada día se hace la misma pregunta a razón de poder medir el sentir de la población sobre sus nefastos actos -”espejito, espejito ¿quién es el dictador más despreciado en latinoamérica?”- cada mañana sale con una sonrisa de oreja a oreja, reconfortado con la respuestas que recibe del espejo,  “¡nada de qué preocuparnos aún Jebal, el más detestado sigue siendo Nicolás!”

Retornemos a la Honduras de acá, hemos visto la forma en que algunos medios de comunicación y la opinión pública han seguido el acontecer político en la nación venezolana. Efectivamente estos sucesos son importantes, pues lo que resulte de esa crisis, tendrá impacto sobre nuestra política vernácula. Estamos seguros que varios personajes de nuestro vida nacional partidaria, han encendido sendas candelas para que uno u otro resultado se de en el país del gran libertador Bolívar; intereses enormes de sobrevivencia política se dibujan como el mejor acto de cuerda floja, pues para uno puede representar la pérdida de su mejor aliado político-económico e ideológico y para el otro, sencillamente el pago del favor al imperio por soportarlo en la silla del poder. Ambos personajes locales son hipócritas ideológicos, ambos son oportunistas del juego en que se recogen las migajas que el ajedrez geopolítico les ofrece, como el saldo a sus propios intereses, como el crédito para ser títeres de los deseos internacionales de otros. En esto no hay distinción, ambos líderes locales comparten la misma  imagen con Maduro cuando sus rostros se reflejan en el espejo de la verdad.

Uno de ellos se desgarra la garganta gritando sobre el intervencionismo de los EEUU, pero promovió el intervencionismo del ALBA; descalificó el grupo de Lima pero aplaudió el Foro de Sao Paulo; aunque ya se acomodó, acertadamente indica el fraude de Honduras,  pero alaba el fraude venezolano; reclama la ruptura del orden constitucional localmente, pero aplaude y participa como observador de una constitución hechiza, hecha a la medida del dictador del país petrolero; grita dictador acá y aplaude al dictador de allá… Cuenta la historia, que este caballero también se detiene todas las mañana frente al espejo mágico y pregunta: “¿espejito, espejito, podré yo alguna vez ser cómo Nico?…sigue trabajando tu plan si quieres ser el Fidel, el Chávez, el Maduro centroamericano.”-recibe de respuesta.-

En el otro lado de la moneda, tenemos la versión derechista del guión Chavista: allá utilizan los CLAP, acá la bolsa solidaria, una estrategia de la administración de la escasez y del beneficio partidario cruel del hambre de los más necesitados; allá está el carnet de la patria, acá la cachureca; allá el Cártel de Soles y narco dictadura, acá…bueno pregúntenle al fiscal del distrito sur de Nueva York. Y así podríamos seguir haciendo los paralelismos apropiados, podríamos discutir el tema del control de las FFAA, de la corrupción desmedida, de la posible compra de voluntades que se emanan del legislativo y de un estado judicial al servicio del poder, no de la ley. Podríamos hablar de las represiones durante las protestas, de las violaciones a los derechos humanos, de llevar a un sobreendeudamiento la economía del país, de los presos políticos y por sobre todo, del rechazo abundante para ambos mandatarios por parte de la población. El mismo que exige que en Venezuela se repitan las elecciones, es el mismo que acá se burló de ellas y lo sigue haciendo.

Por lo tanto, debemos de utilizar el teatro venezolano nada más como el ejemplo del desfile de caretas, que son utilizadas en Honduras por los políticos tradicionales que pretenden venderse ante muchos como “la diferencia”. Pero Venezuela no debe tener el 100% de nuestra atención, ya que en el espaguetis político de nuestro país, tenemos nuestra propia telenovela y no se logra distinguir entre la ideología, la estrategia o el simple sentido de una convicción para el beneficio personal; podemos destacar que lo que nos estamos jugando acá, es verdaderamente el sentido democrático de nuestra patria y el futuro de las generaciones. En eso es lo que debemos enfocarnos, no en Venezuela y su lucha por desatarse de los lazos de la dictadura oportunista; nosotros tenemos nuestra propia dictadura y nuestros propios enormes problemas, que se entretienen sin resolverlos en el perpetuo juego del dinero y de lo absurdo.

Por lo demás, queda esta historia como la advertencia de los liderazgos tradicionales locales que pretenden ser algo que no son; no hay ninguna otra forma que explicarlo,  más que el reconocer que existe en nuestra patria un idilio con Maduro, diríamos un verdadero Ménage á trois de hipócritas que al postrarse frente al espejo, reflejan los tres la misma cara.

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