DIARIO LA REPÚBLICA HONDURAS
Columna Featured

Y DESPUÉS DE NAYIB,… ¿QUÉ? Por José Eduardo Martell Castro

Los vientos de cambio que soplan Latinoamérica desde hace algunos meses son irreversibles y llegan como una muy oportuna bocanada de oxígeno a un sistema democrático colapsado, vencido, que no ha podido trascender y adquirir características de un sistema evolucionado y acorde con las demandas de los pueblos latinoamericanos.

Hace poco más de cuatro décadas, Samuel Huntington escribía sobre la “Third Wave” (Tercera Ola) de democratización en América Latina. La democracia empezaba a retornar a nuestras naciones, aunque obedecía más a una estrategia de los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría, que al resultado de un proceso evolutivo y de lucha, en la mayoría de los casos. El cambio, no obstante, fue positivo. Se dejaron atrás regímenes militares y dictatoriales, y se empezó a construir una muy incipiente institucionalidad democrática que generó esperanzas y expectativas. Los cambios estructurales, sin embargo, nunca llegaron. Nuestros pueblos, pese a leves mejoría en ciertas áreas, se empobrecieron y hemos vivido en condiciones socio-económicas deplorables, mientras una “casta” política, en estricta alianza con una clase económica, ha gestado el engendró más dañino para un Estado de Derecho: el flagelo de la corrupción, que golpea la institucionalidad y la gobernanza de manera ciertamente peligrosa.

La tolerancia de los pueblos latinoamericanos se acabó. El hartazgo se ha mostrado de diversas maneras, en función de las particularidades de cada nación, pero es un hecho que estamos entrando en una etapa de cambio irreversible que traerá beneficios al subcontinente.

En julio pasado, Andrés Manuel López Obrador en México derrotó a un sofisticado entramado político, económico e institucional de corrupción, incluyendo el propio sistema electoral. La movilización del pueblo mexicano fue extraordinaria para lograr el objetivo. La rica nación mexicana, sometida a un saqueo indiscriminado, sistemático, permanente y repulsivo –similar a nuestras naciones-, le dijo rotundamente NO al “ancien régime”, y demostró que pese a todo el esfuerzo del “establishment” (banqueros, propietarios de medios de comunicación, grandes empresarios, clase política tradicional,…), por detener lo que consideran, y efectivamente es, un peligro para sus nefastos intereses, la victoria es posible.

Hace apenas una semana, El Salvador ha enviado un mensaje alentador que no deja lugar a equívocos: el cambio avanza. Nayib Bukele, joven, contestatario, frontal, ha derrotado, como hiciera AMLO en México, al “establishment” corrupto, al sistema. Un año exacto después de la victoria del tabasqueño, Nayib tomará posesión en El Salvador y, como aquel, iniciará un proceso que, aunque llevará tiempo, será paulatinamente desmontado, generando beneficios concretos, palpables, a las grandes mayorías.

La gran pregunta es, ¿qué viene para la región centroamericana después de AMLO, y especialmente, después de Nayib? La respuesta es muy sencilla: MÁS CAMBIO. El gran aglutinador en dichos países fue el hastío con la corrupción, y en función de ello, es preciso destacar que hay antecedentes de este proceso de cambio. La victoria de Solís en Costa Rica, las multitudinarias marchas de “Las Antorchas” en Honduras, las protestas y posterior caída de Pérez Molina en Guatemala, las manifestaciones masivas en Nicaragua, son ejemplos claros y contundentes de ese denominador común que está modificando el sistema político latinoamericano: NO MÁS CORRUPCIÓN. Quizá no en todos los casos se logró el objetivo que alcanzaron México y El Salvador, pero es cuestión de tiempo. Lo que debemos tener claro que la labor es nuestra, y no de agentes o naciones exógenos.

En el caso específico de Honduras, como dirían los españoles, el “horno está para bollos”. Estamos listos, las condiciones están dadas. Es el momento, el cansancio es supremo y las provocaciones del poder corrupto se suceden constantemente: Escandalosos actos de corrupción que vinculan a Juan Hernández y el partido Nacional; vínculos del gobernante y su entorno con el crimen organizado y la narco actividad; pactos supra partidistas de la élite política corrupta para desarticular la oposición; negociaciones bajo la mesa para la distribución de entes estatales y chambas, que garantice mantener el control del régimen sobre las mismas, particularmente el sistema electoral que posibilite la comisión de fraudes como el del 2017; poder judicial al servicio del régimen dictatorial; censura y cerco mediático a los que somos parte de la oposición; ineficiencia y abuso vomitivo de entes estatales, como ser el SAR, EEH, SANAA. A ello, sumemosle las condiciones de pobreza de nuestro pueblo, de desigualdad social, de inseguridad, de acceso a salud, que finalmente propicia el éxodo masivo de compatriotas desesperados por sus circunstancias y las del país.

El camino a transitar implica seguir articulando la oposición política, social, estudiantil, sindical, empresarial, económica al régimen y mantener el proceso constante de denuncia y protesta ciudadana, elevando la temperatura de manera constante. No hay que darle un día de paz y tranquilidad a Hernández Alvarado. El pueblo requiere ser guiado de tal suerte que vuelva a confiar y creer, que vuelva a tener esperanzas e ilusiones. En una sociedad como la nuestra, no es fácil lograrlo, pero los que tenemos alguna posición de liderazgo estamos obligados a generar esas condiciones, mediante el ejemplo, la lucha, la constancia, la disciplina y la valentía frente al poder constituido.  

Avancemos, pueblo hondureño, hacia la liberación de esas vergonzosas cadenas de corrupción, y hagamos realidad el sueño de una patria justa, solidaria y democrática. Está en nuestras manos. El momento de actuar y luchar es ahora. Después de Nayib…. ¡HONDURAS!

Related posts

El segundo del 2do. Editorial miércoles 30 de enero, 2019

larepublicahn

Exportaciones café de Honduras bajan 28.5 pct interanual en noviembre por menor demanda

larepublicahn

El Parlament proclama el inicio el proceso constituyente de la República Catalana

larepublicahn