Pido la palabra. Por: Jose Angel Zuñiga.

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Pido la palabra como joven, como ciudadano en el pleno ejercicio de mis derechos civiles y políticos, como patriota y como un hondureño indignado con la clase política corrupta y la sociedad sumisa y pasiva que hoy tiene Honduras.

Diariamente en el Congreso Nacional, vemos la manera como los padres de la patria aprueban contratos leoninos en perjuicio del Estado, se recetan jugosos aumentos, intervienen a diestra y siniestra nuestras instituciones con el único fin de acomodar intereses y presentarlas ante los medios de comunicación como la última gran salvación. En el Poder Ejecutivo con actitudes déspotas y autoritarias se demuestra que la prosperidad del país es lo que menos preocupa; y un Poder Judicial que ante las líneas de investigación que la MACCIH-UFECIC presenta, encontramos dos palabras como denominador común, “sobreseimiento definitivo”, y para rematar una oposición política cada vez más inmadura, donde la falta de coherencia es su más grande idiosincrasia.

Lo único que nos hace falta como sociedad es que, a plena luz del día, irrumpan y asalten a mano armada nuestro hogar; aunque creo que a partir de lo vivido en los últimos meses, podemos considerar los altos cobros a los servicios públicos y el deplorable sistema de salud, como el mayor acto de violencia contra un pueblo pobre. Sin embargo, seguimos como si nada nos ocurriera, indiferentes y hasta cierto punto, egoístas con nuestros hermanos hondureños, para con nuestra patria y peor aun, para con nosotros mismos. Tal vez algunos sean parte del privilegiado 30% que no vive en pobreza, pero eso no significa que adoptemos como forma de vida una actitud apática y nefasta como la que hoy vivimos. Contribuir al desarrollo del país involucrándose, observando y proponiendo soluciones es una forma de marcar un progreso, por lo menos del desinterés y la desgana. Esta situación se ve reflejada en el día más común y ordinario, pero las consecuencias recaen en el día de la elección; en pleno siglo veintiuno, muchos de nuestros compatriotas no conocen ni el rostro de los candidatos, peor aún su hoja de vida o las propuestas que llevan y traen para resolver los conflictos de país. Ese es el fulgor de un gobierno que invierte más en armamento, buques, aviones presidenciales y demás gastos superfluos, que en libros, pupitres y aulas dignas que contribuyan a un proceso integral de desarrollo en el campo de las ciencias y la literatura y menos en una verdadera educación cívica, con auténticos principios y valores democráticos aunado al amor por la tierra que nos ve nacer.

La juventud debemos de abrirnos paso entre tanta corrupción y politiquería barata como la que hoy carcome a nuestras instituciones. Pocos se atreven a hacerle frente al sistema y los que se atreven, son recibidos con gas lacrimógeno y bala viva; tesitura que muchos hemos podido vivir y contar. Hasta tal nivel de pobreza humana hemos llegado, que los entes de seguridad del estado, por no poner en precario el sustento de sus familias, arremeten contra otro compatriota, disparan sin importar que lo único “incorrecto” que se este haciendo es ejercitar el derecho a la protesta consagrado en nuestra carta magna, al sentir un fervor patriótico al momento de poner un pie en el asfalto con la bandera de Honduras en la espalda ¡Qué descomposición social a la que hemos llegado, tanto por cambiar y tan pocos los que luchan por ese cambio!

Una clase política sin credibilidad alguna, donde son los mismos de siempre que se reparten el poder, secuestran en el horario público y lo utilizan como alcancía personal, mientras que son miles las personas que en el Hospital Escuela esperan un turno para ser atendidos, acumulando días enteros sin probar sustento alguno. Las ideologías nos han cegado, sin poder comprender que la pobreza y la corrupción no distinguen de izquierdas o derechas, se decantan por ser ambidiestras. Honduras tiene líderes, de eso no hay duda, lo que hace falta es motivarlos a tomar ese papel protagónico que la historia y la patria les pide, anteponiendo intereses individuales por uno colectivo, el del bienestar social.

Por eso como sociedad, pidamos la palabra; o mejor aún exijamos la palabra, arrebatarsela a la clase política corrupta es lo que debemos conquistar. Solo así Honduras saldrá del atasco en el que hoy se encuentra, si no es hoy, pueda que mañana ya no tengamos país por el cual transitar.

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