DIARIO LA REPÚBLICA HONDURAS
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Populismos vs Voluntad Nacional. Por Joaquín Irías.

A lo largo de nuestra historia latinoamericana hemos visto surgir populismos, el siglo pasado fue fiel testigo de ello y lo que ha transcurrido de este no ha sido la excepción. Pero cabe decir que no solo en la región americana han surgido este tipo de movimientos, también los demás continentes, se tiene al populismo como un concepto político que permite hacer referencia a los movimientos que rechazan a los partidos políticos tradicionales y que se muestran, ya sea en la práctica efectiva o en los discursos, combativos frente a las clases dominantes. Tomando esta aseveración podríamos concluir que dicha práctica es conflictiva y al final no supondría un desarrollo plausible, ya que deviniendo de lo reaccionario y la carga subjetiva de ciertos discursos y acciones, son el paso a seguir para que haya una fragmentación de lo nacional. Debilitando la Unión del pueblo, se puede decir que sin importar el tinte ideológico sea de derecha o de izquierda o como vaya cargado el discurso populista, en lo pragmático será voraz como un incendio destructor.

Haciendo hincapié de manera específica, en Honduras el populismo se ha venido practicando desde varias décadas atrás suponiendo un desgarre y atraso a nuestra cultura, tomando ejemplos históricos podemos tomar ciertas medidas de los gobiernos militares en los años 70 que propiciaron a un desarrollo desordenado de las ciudades, lo cual al día de hoy se pueden evidenciar las secuelas, también si nos movemos más adelante en el tiempo los gobiernos en sus «políticas públicas de ejecución» han tomado medidas populistas y podemos tomar de ejemplo los famosos bonos que da el gobierno y esto no ha sido solo de este gobierno, bolsas solidarias de comida, regular precios de mercado de manera arbitraria de distintos productos de necesidad básica y etc… sin menoscabo de los discursos que suenan cada cuatro años, ese tipo de discurso incendiario que en nada beneficia al estado nación ya que lo fragmenta y pierde la homogeneidad el pueblo, ya que dichos discursos reaccionarios populistas que en su esencia son para nada realistas en su aplicación, solo sirven para dividir el electorado y haciendo eco a las Palabras de León Degrelle: «De derecha o de izquierda. un país no es el 50 por ciento de sus habitantes luchando rabiosamente contra el otro 50 por ciento, localmente estimulados por los partidos rivales. Un país es un pueblo y no dos mitades de un cuerpo electoral, dormidas durante cuatro años, despiertas durante semanas de campañas furibundas.» Como expuse con anterioridad han supuesto un problema para nuestra cultura ya que producto de acciones populistas el pueblo en su mayoría espera que el estado obre de manera caritativa y cuando el estado no se da abasto vienen los reaccionarios a querer quemar la voluntad popular «Dirigiéndose» a promesas mesiánicas imposibles de cumplir. Valga decir también que los gobiernos cuando están en sus últimos días o viven en crisis con el ánimo de apaciguar la reacción del soberano o se tornan a las prácticas populistas, dándose un tanque de oxígeno en la mayoría de los casos para tener aferrado el poder.

Debemos de abandonar ese sesgo ideológico y reaccionario que provoca el populismo porque no va ser el rico contra el pobre lo que va a marcar la pauta del desarrollo que quiere la voluntad colectiva nacional, se deben de tomar soluciones pragmáticas y plausibles en su ejecución para generar el desarrollo, tanto como el rico como el pobre en su labor va a beneficiar a la gran obra por desarrollar nuestro preciado pedazo de tierra. Es así que la verdadera voluntad debe ir encaminada a no estar generando una cultura de mendicidad, como se ha ido desarrollando décadas atrás y al día de hoy desde lo más cotidiano podemos apreciar las actitudes que se nos ha ido inculcando, dejando a un lado las grandes competencias que de ser desarrollados suponen una transformación total de nuestro contexto y que el gran soberano podría beneficiarse de manera positiva en vez de estar esperando migajas y para no proseguir con ese ciclo vicioso se debe empoderar a la proactividad, al aceleramiento económico y laboral siendo así en cómo debemos de encaminarnos en ir educando desde las bases escolares para ser una nación pragmática y no estática en sus prácticas; sólo así se puede embarcar el gran proyecto nacional, en donde cada uno de los Hondureños juntos, de la mano, vamos al mismo ritmo por lograr cumplir la verdadera voluntad nacional.

Hay que tener en mente el gran potencial que tenemos como nación y que en nuestras manos va estar nuestro destino como país y sociedad libre. No dejándonos llevar por discursos vacíos de Derecha o de Izquierda.

¡Viva la Hondureñidad!

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