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MEL y Los Superhéroes. Editorial jueves 14 de febrero 2019.

El mal de todos los males en el actuar político de Honduras y la crisis económica y social que tenemos como consecuencia de esta, es la ambición continuista en el poder. Esta codicia hace que los grupos que la promueven sean capaces de todo, por alcanzar el objetivo denominado reelección.

En este siglo, el primer diagnóstico de la “fiebre” reeleccionista tuvo su paciente preferido en la figura campechana de Manuel Zelaya Rosales, hombre que de forma hábil y precisa, encontró en los brazos abiertos del socialismo del siglo 21, el socio perfecto para llevar su proyecto, disfrazado en una consulta popular que denominó “La cuarta urna”. El “presidente todo terreno” (como él mismo se auto denominó por su capacidad de volar en F-5, bucear, tocar guitarra, montar a caballo y manejar motocicleta) tiene muchas facetas y su personalidad espontánea, acompañado de su lenguaje florido a veces lo hace decir cosas como le vienen; es así que en uno de esos momentos cuando la calentura reeleccionista estaba alta y su sed por el poder aún mayor, introdujo un personaje ficticio en la política nacional: “Ni Kaliman puede detener la cuarta urna”, nos imaginamos que quizá en su juventud,  él era un coleccionista de las historietas de este personaje y las leía frecuentemente mientras soñaba en los viajes en Harley Davidson, fuera de las pampas olanchanas.

Si el lector lo desconoce, “Kaliman el hombre increíble” fue una serie radial  mejicana que luego se convirtió en una historieta. Kaliman tiene una extraordinaria capacidad mental, es defensor de la Justicia y utiliza muchas frases célebres las que continuamente se las recalca a su compañero y aprendiz “Solín”:  «No hay fuerza más poderosa sobre la tierra que la mente humana”; “Quien domina la mente, lo domina todo» ; «Serenidad y paciencia, mucha paciencia» ; «Siempre hay un camino cuando se usa la inteligencia» ; «No hay gente mala en el mundo, pero hay buenas gentes que dejan a otros hacer malas cosas; «El hombre no ha nacido para ser esclavo de otro, soy libre y siempre lo seré»; «Libertad es la esencia de la vida.” Muchas de esas reflexiones, son realmente válidas por los momentos políticos en que vivimos.

Y fue así como en el 2009, la acción ilegal que pretendió Manuel Zelaya, fue detenida por un acto fuerte, decidido, aunque también equivocado: un golpe de estado que marcó la pauta para la destrucción de la institucionalidad en nuestra patria. Lo que creímos algunos en ese momento, es que si bien es cierto no se ocupó de ningún héroe ficticio para detener el intento dictatorial de Mel, si pensamos que a partir de esa fecha, los políticos y la sociedad en general, habían aprendido la lección y dos cosas fundamentales saldrían de esos sucesos en pro del beneficio de La República: la reelección sería un tema enterrado en nuestro país y la figura de consultarle al soberano sería paradigma para las decisiones importantes de la vida nacional ¡Qué equivocados que estábamos!

En los pasillos del poder político nuevas figuras comenzaban a perfilarse y  habían aprendido de los “errores” de Manuel Zelaya. Amparados por una oposición debilitada, una sociedad cansada, una cúpula eclesiástica y una clase empresarial egoísta más interesada en proteger sus intereses, sus negocios con el estado, que los requerimiento colectivos, el germen del continuismo fue creciendo.  Encontró un nuevo cuerpo en una figura “ideológicamente opuesta”, quien hábilmente borró del imaginario nacional la posibilidad de una dictadura Chavista y se puso el traje de “Capitán América”, prometiendo creación de fuentes de trabajo, erradicar la inseguridad y hábilmente obedeció jugar su actuar, no con las reglas venezolanas, sino con las del imperio americano. Un nuevo animal político tomó escena, Juan Orlando Hernández Alvarado hizo con la derecha del país, lo que Mel únicamente soñó con su izquierda, pero que aún añora.

Y es en esa añoranza que se teje un nuevo proceso al estilo de Thanos, buscando las gemas que le brinden el poder absoluto que según él, le fue arrebatado de entre sus manos en el 2009 “Yo sigo siendo el presidente de Honduras”, nos dice. El continuismo actual requiere de oxígeno para sustentar su actuar y la política se presta para hacer relaciones extrañas. El agua y el aceite si se mezclan en el mundo donde las causas quedan en segundo plano y lo que predomina son los intereses. El interés en común es que Juan Hernández ocupa impunidad, pues los delitos de traición a la patria no prescriben y Mel ocupa oportunidad, pues su deseo de volver al poder es irresistible. Para ambos la única posibilidad de lograr esos anhelos es formalizar de una forma u otra la reelección y contra viento y marea lo intentarán.

Es por esa razón que Manuel Zelaya y Juan Hernández platican en privado (aunque Mel lo niegue mil veces y evade la pregunta con un “Yo no he visto a JOH desde el 2017,” como si para hablar, hay que verse), en esas rondas determinan la próxima jugada política, ambos son maestros en ese menester. Como políticos habilidosos y manipuladores que ellos son, no existe sorpresa que están armando el futuro, el bienestar de ellos y sus cúpulas, el socio político del partido nacional es hoy por hoy Libertad y Refundación. Como magia de Shazam, un nuevo bipartidismo ha sido creado.

Todo se reduce a eso, los discursos floridos, los comandos insurreccionales, la leyenda del pueblo, los caídos en batallas…todo se reduce en esto: impunidad, oportunidad y reelección. Podrán intentar engañar a muchos y lograrán hacerlos con varios, pero no podrán hacerlo con todos. Juan Hernández es un gobernante impuesto e ilegítimo, pero Mel y sus “patricios” (si, aún existen) lo único que pretenden es reemplazarlo.

En el gustado programa de don Raúl Valladares (quien a propósito es el creador del eslogan -URGE MEL- y a quien saludamos), el expresidente Zelaya manifestó: “el que con lobos anda, a aullar aprende” y todos sabemos quienes son los ídolos ideológicos y políticos del señor Manuel Zelaya, esa es su más clara carta de presentación. El aullido de Mel y los otros igual a él, ya se ha escuchado.

Por lo tanto, tenemos la esperanza que todavía existen en nuestra patria héroes de verdad, en cuantía suficiente para ponerle un paro  a la afanada lucha de JOH-Mel por aferrarse indefinidamente en el poder. No necesitamos de personaje imaginarios, ni siquiera de embajadas extranjeras. Es la hora de eliminar nuestra tradicional dependencia a que sean otros los que hagan por nosotros el trabajo que nos corresponde. Los héroes no vienen con capa, el verdadero héroe de esta saga son las buenas mujeres y hombres de nuestra país (el pueblo es “El Hulk”, que una vez que se enoja nada, ni nadie lo detiene). El pueblo, aquel olvidado y cansado, que mientras nosotros escribimos estas líneas, sufre de las decisiones egoístas de una clase política tradicional, acostumbrada al negocio bajo la mesa, al beneficio individual impune de sus actos corruptos. Es en el pueblo valiente de mi Honduras que recae el superhéroe que puede detener los intereses mezquinos del poder populista y mesiánico, ya sean de izquierda o de derecha, ya sea Mel Zelaya o sea Juan Hernández. Dictador es dictador.

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