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¿POR QUE SE SUFRE AL AMAR? Editorial 15 de febrero, 2019.

El 14 de febrero vino y se ha ido, esperamos hayan podido disfrutarlo. Hoy un escrito un tanto diferente, filosófico y existencial, pues de vez en cuando, hay derecho..

El sufrimiento y El Amor muchos piensan que van de la mano,  fundamento inobjetable desde ese preciso instante en que Dios le dijo a la mujer “Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos y darás a luz a tus hijos con dolor…” (Génesis 3,16)  pues si hay un acto de puro amor, es sin lugar a dudas ese momento en que una madre, después de formar en su vientre a una criatura, traspasa las barreras de un sufrimiento indescriptible para dar con cada pulso de dolor, el pulso de la vida. Así de profunda y simple es la verdadera definición del amor, un acto que se da enteramente sin egoísmo y sin condición.  

Lamentablemente  en el caminar de nuestras vidas nos olvidamos de lo sencillo que es amar, activamos nuestra naturaleza individualista que antepone el yo, sobre todo lo demás.  Como un correctivo a ese desacierto humano, la vida misma coloca eventos difíciles que tenemos que vencer: enfermedades, problemas financieros, el fracaso de un proyecto anhelado, crisis familiar y hasta la muerte; en fin, todas esas “desgracias” que no podemos evitar y que tarde o temprano,  tenemos que experimentar. El sufrimiento lo podemos vivir en diferentes formas e intensidades, algunas físicas, otras mentales-emocionales, otras espirituales. A pesar de ser el sufrimiento tan real e inevitable como respirar, la mayoría de nosotros no estamos preparados para sufrir, lo consideramos un castigo.

Si bien es cierto existe el  sufrimiento que es producto de nuestras  malas decisiones o actuaciones, también es igual de cierto que muchos otros sufrimientos suceden de la nada. De allí la eterna pregunta ¿Por qué la gente buena e inocente sufre? ¿Existe algún propósito en el sufrir? ¿Puede salir algo positivo de sufrir?  Respuestas que únicamente la podemos comprender dentro del contexto de la fe, de la perseverancia y que no existe una respuesta universal sino, individual.

¿Qué beneficio se le puede obtener al sufrimiento y cómo este nos puede preparar para amar? Considero que el sufrimiento nos enseña a ser sumisos y humildes, nos hace comprender que somos parte de un orden mayor al evidenciar nuestra  fragilidad, tanto en nuestras vidas, como en la relatividad de los momentos. He considerado un bienaventurado y sabio a aquella persona que posee todas las bondades de la vida sin haber tenido que ceder sus principios para obtenerlas y más importante aún, aceptando esos bienes con la humildad y responsabilidad que implica;  sin embargo esto es la excepción.

La mayoría de los hombres al obtener el éxito terrenal (Fama, dinero, poder político) inician la ruta para perder el alma en el proceso. En vez de ser agradecidos y enmarcar lo dones que el GADU:. Nos ha regalado en hacer el bien, ocupamos nuestra atención en envidiar lo que no se tiene, comenzando una carrera por triunfar a toda costa. El sufrir puede ser el bálsamo que nos recuerda nuestra inferioridad, nos reorienta en un camino cuya senda es recta pero difícil, estableciendo “el justo valor” a cada cosa.

Una prueba dura nos da Fortaleza y Sabiduría,  a esto le denominamos madurez. Este despertar nos ayuda a reorganizar nuestras prioridades.  Después de haber experimentado el sufrimiento, nos convertimos en un ejemplo de vida, permitiéndonos ser consuelo y esperanza para otros que hoy sufren lo que nosotros ayer sufrimos. Esta es quizá la mejor lección que podemos derivar del sufrimiento, que seamos personas más solidarias para con la necesidades de los otros.  

De manera especial diríamos que el sufrimiento nos hace experimentar la piedad del Ser Supremo y del humano, muchas veces cuando toda esperanza está perdida, una persona (y muchas veces la menos esperada) nos brinda una ayuda desinteresada ¿Cuántas veces no hemos sido testigos de la bondad del hombre ante la calamidad de otros? ¿Cuántas veces cuando todo parece perdido, surge el milagro?

Se sufre al amar no en el sentido que para amar hay que sufrir, ni mucho menos que solo los que sufren aman, sino que a manera de descubrimiento. En orden de encontrar el amor perfecto, el sufrimiento puede ser el estricto maestro que enseña al alumno rebelde: Para el hombre, sufrir es tristeza y felicidad es tenerlo todo; sin embargo, si algo he descubierto en mis momentos de incertidumbre, es que la felicidad no se encuentra en los tesoros temporales. La felicidad se encuentra en el amor y el amor está en lo que no cuesta nada, precisamente por eso es que su valor es incalculable. Donde hay amor hay paz, hay libertad, hay felicidad.

Sabemos que el propósito de la vida no es sufrir, todo lo contrario “Conténtate de todo, por todo y con todo.” Hay que buscar y retener la felicidad, pero esta se debe de alcanzar reconociendo que somos partes de un mundo donde el sufrimiento existe y será parte de nosotros en algunos momentos del caminar por esta vida.

Si hoy sufres, busca su propósito; si no sufres, recuerda a aquellos que no tienen esa dicha, busca ser su luz y su amor para aliviar sus cargas.

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