TRASCENDIENDO. Por Allan Bernardez.

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En la vida existen cosas imposibles de comprar.  El dinero, el miedo, el halago, el poder, entre otros, pueden permitir el alcance de objetivos pero hasta cierto límite y por determinado tiempo.  Este espacio de columna digital de hoy, va dedicado a las personas que leen, ciudadanos conscientes que luchan por la construcción de una ciudadanía vinculante amante de la convivencia pacífica.  A Ustedes y a mi hija quien hoy cumple 20,  les comparto el siguiente pensamiento:

El dinero, sin importar su procedencia, puede comprar voluntades ajenas.  Con dinero puedes obtener lo que alguna vez se te fue negado. El dinero abre y cierra puertas. Pero importante es saber que el dinero no tiene dueño permanente.  Ese instrumento de bienestar y/o pobreza, circula de mano en mano y también se diluye como el agua entre los dedos.  El dinero nunca ha tenido dueño único, permanente, por lo tanto los que hoy lo poseen, mañana no lo tendrán y viceversa.

El miedo, sentimiento que te paraliza y te hace doblegar.  Muchos se valen de ello para someter a otros a sus caprichos, andares y ambiciones. El miedo puede hacer que una persona traicione sus principios hasta caer en lo más bajo de las humillaciones. Por más poderoso que sea el miedo, este no puede vencer al conocimiento, la fuerza que disipa dudas y vence la sumisión.

El halago, dulce como la miel pero amargo como la hiel. Cuando el halago busca suavizar voluntades para favorecer a quien las articula, trae consigo manipulación. El halago puede blandir buenas intenciones y convertirlas en plomo destructor.  Ese “susurro” al oído, esa voz que te dice lo que deseas escuchar, no es más que la llamada a la perversión y la invitación a hacer el mal. ¿Cómo se combate el halago? Con discernimiento.

El poder, no tiene color, no tiene bandos.  El poder es una fuerza neutra.  Depende de la voluntad de quien la posee y canaliza. Así es como a través de la historia de la humanidad han existido grandes hombres reconocidos por sus buenas obras y legado; pero también la historia registra monstruos con apariencia humana que a su paso dejaron estela de terror, destrucción y muerte. El poder, al igual que el dinero, el miedo y el halago, son medios efímeros. Una vez que el cuerpo del huésped ya no logra contenerlos, buscarán un nuevo huésped cuyo vigor les permita absorber la vitalidad que solo la humanidad puede brindarles.

Ciudadanos hondureños, hagamos que nuestro registro histórico sea uno de nobleza, carácter, desprendimiento, respeto, perseverancia pero sobre todo ¡JUSTICIA!.

Happy Birthday, Princess.

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